Amor que se demuestra

Amor que se demuestra

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Juan 14:15


Estas palabras fueron dichas por Jesucristo durante la Última Cena, momentos antes de ir a la cruz. En medio de un ambiente de despedida y preparación, Él deja una verdad profunda y directa: el amor verdadero se demuestra con obediencia.

El verso nos enseña a establecer que la obediencia no es una carga, sino la demostración práctica y el fruto genuino del amor hacia Jesús.
El amor verdadero se traduce en fidelidad, no solo en sentimientos, siendo esta obediencia la forma en que los creyentes permanecen en comunión con Él y reciben al Consolador (Espíritu Santo).

1.El amor no es solo emoción
Jesús no dijo: “Si me amáis, sentiréis algo bonito por mí”.
Dijo: “guardad mis mandamientos”.

El amor bíblico va más allá de palabras o sentimientos. Es una decisión diaria de vivir conforme a Su voluntad. Amar a Cristo implica alinear nuestro carácter, nuestras decisiones y nuestra conducta con lo que Él enseñó.

2.La obediencia nace del amor, no del miedo
No obedecemos para ganar el amor de Dios; obedecemos porque ya hemos sido amados.
La obediencia no es una carga religiosa, sino una respuesta agradecida.
Jesús no impone sus mandamientos como una ley fría, sino como la respuesta natural de un corazón que le ama. No obedecemos para ganar su amor, sino porque ya nos sentimos amados por él y deseamos agradarle.

3.Amar a Jesús transforma nuestra vida
Guardar sus mandamientos incluye:
  • Amar al prójimo.
  • Perdonar.
  • Vivir en santidad.
  • Permanecer en la verdad.
Jesús promete el Espíritu Santo. Esto significa que no estamos solos en el esfuerzo de obedecer; el Espíritu nos guía, capacita y nos fortalece para vivir según sus enseñanzas.
Guardar sus palabras nos mantiene en una relación íntima con Jesús y con el Padre, transformando nuestra vida en un testimonio de su presencia en nosotros.
Cada acto de obediencia es una declaración silenciosa: “Señor, te amo.

Conclusión:
Juan 14:15 es un llamado a evaluar nuestro amor por Jesús a través de nuestra obediencia cotidiana, confiando en que el Espíritu Santo nos capacita para cumplir su voluntad.

Para pensar hoy:
  • ¿Mi amor por Jesús se refleja en mis decisiones?
  • ¿Hay algún mandamiento que estoy ignorando?
  • ¿Estoy obedeciendo por costumbre o por amor?
Que hoy podamos renovar nuestro compromiso de amar a Cristo no solo con palabras, sino con acciones.

Oración:
Padre amado. Te pido hoy, que me enseñes a obedecerte. Qué me corrijas en el momento que no lo estoy haciendo. Quiero tener tu bendición y sé que obedeciéndote es la manera de recibir todas las que cosas que tienes para mí.

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