Amar al extranjero
Amar al extranjero
“Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.” Levítico 19:34
Este versículo revela el corazón de Dios hacia el extranjero, el diferente, el que no pertenece culturalmente al lugar. En una época donde las naciones protegían solo a los suyos, Dios estableció un estándar radical: amar al extranjero como a uno mismo.
Un mandato contracultural
En el contexto de Levítico, Dios está formando a Israel como un pueblo santo. La santidad no solo se expresa en rituales, sino en cómo tratamos a las personas.
Amar al extranjero significaba:
Recuerda de dónde te saqué
“Porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.”
Dios apela a la memoria. Israel conocía el dolor del rechazo en Egipto. Cuando recordamos nuestras propias luchas, desarrollamos compasión.
La gratitud por lo que Dios ha hecho en nuestra vida nos mueve a extender gracia a otros.
Amar refleja el carácter de Dios
El versículo termina diciendo: “Yo Jehová vuestro Dios.”
Es como si Dios afirmara: “Así soy Yo.”
Amar al extranjero es reflejar el corazón del Padre. Es vivir el evangelio antes de predicarlo.
Relevancia contemporánea:
Este pasaje se aplica directamente a la acogida de inmigrantes y la lucha contra la xenofobia, promoviendo una comunidad más humana y compasiva.
El amor en este contexto no es solo un sentimiento, sino una acción práctica que busca no hacer sufrir al extranjero, integrándolo con la misma dignidad que a cualquier otro miembro de la comunidad.
Para que pensemos hoy:
Hoy es un buen día para practicar un amor que cruza fronteras culturales, sociales y emocionales.
“Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.” Levítico 19:34
Este versículo revela el corazón de Dios hacia el extranjero, el diferente, el que no pertenece culturalmente al lugar. En una época donde las naciones protegían solo a los suyos, Dios estableció un estándar radical: amar al extranjero como a uno mismo.
Un mandato contracultural
En el contexto de Levítico, Dios está formando a Israel como un pueblo santo. La santidad no solo se expresa en rituales, sino en cómo tratamos a las personas.
Amar al extranjero significaba:
- No explotarlo.
- No discriminarlo.
- Integrarlo con dignidad.
Recuerda de dónde te saqué
“Porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.”
Dios apela a la memoria. Israel conocía el dolor del rechazo en Egipto. Cuando recordamos nuestras propias luchas, desarrollamos compasión.
La gratitud por lo que Dios ha hecho en nuestra vida nos mueve a extender gracia a otros.
Amar refleja el carácter de Dios
El versículo termina diciendo: “Yo Jehová vuestro Dios.”
Es como si Dios afirmara: “Así soy Yo.”
Amar al extranjero es reflejar el corazón del Padre. Es vivir el evangelio antes de predicarlo.
Relevancia contemporánea:
Este pasaje se aplica directamente a la acogida de inmigrantes y la lucha contra la xenofobia, promoviendo una comunidad más humana y compasiva.
El amor en este contexto no es solo un sentimiento, sino una acción práctica que busca no hacer sufrir al extranjero, integrándolo con la misma dignidad que a cualquier otro miembro de la comunidad.
Para que pensemos hoy:
- ¿Cómo trato a quienes son diferentes a mí?
- ¿Hay alguien que necesita sentirse aceptado?
- ¿Recuerdo lo que Dios hizo cuando yo estaba lejos?
Hoy es un buen día para practicar un amor que cruza fronteras culturales, sociales y emocionales.

No Comments