El poder transformador de la oración y el ayuno
El poder transformador de la oración y el ayuno
Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento,
y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Mateo 6.6 NBLA
Declara el Señor, «Vuelvan a Mí de todo corazón,
Con ayuno, llanto y lamento. Joel 2.12 NBLA
La oración y el ayuno no son prácticas religiosas vacías; son llaves espirituales que nos acercan al corazón de Dios. A lo largo de la Biblia vemos que cuando el pueblo de Dios buscaba dirección, restauración o intervención sobrenatural, lo hacía a través de la oración acompañada de ayuno.
Este versículo en el Evangelio según Mateo 6:6, El Señor nos enseña que la oración es un encuentro íntimo con el Padre:
“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento…”
La oración nos conecta con Dios; el ayuno nos desconecta de la carne.
La oración nos llena; el ayuno nos vacía de orgullo y autosuficiencia.
El ayuno no cambia a Dios, nos cambia a nosotros
Dios no necesita que dejemos de comer para escucharnos. El ayuno no es para torcer Su brazo, sino para alinear nuestro corazón con Su voluntad.
Cuando ayunamos:
“Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento.”
El ayuno verdadero implica arrepentimiento, humildad y rendición total.
Oración y ayuno traen dirección y poder
Antes de comenzar Su ministerio público, Jesús ayunó cuarenta días (Evangelio según Mateo 4). No fue casualidad: fue preparación espiritual.
La oración nos da dirección.
El ayuno nos da claridad.
Ambos juntos nos preparan para nuevas temporadas.
Hay batallas que solo se vencen en la intimidad con Dios.
Hay decisiones que solo se entienden en el silencio del ayuno.
Para pensar:
Conclusión
La oración es relación.
El ayuno es rendición.
Cuando ambas se unen, el cielo se mueve y nuestro corazón se transforma.
Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento,
y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Mateo 6.6 NBLA
Declara el Señor, «Vuelvan a Mí de todo corazón,
Con ayuno, llanto y lamento. Joel 2.12 NBLA
La oración y el ayuno no son prácticas religiosas vacías; son llaves espirituales que nos acercan al corazón de Dios. A lo largo de la Biblia vemos que cuando el pueblo de Dios buscaba dirección, restauración o intervención sobrenatural, lo hacía a través de la oración acompañada de ayuno.
Este versículo en el Evangelio según Mateo 6:6, El Señor nos enseña que la oración es un encuentro íntimo con el Padre:
“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento…”
La oración nos conecta con Dios; el ayuno nos desconecta de la carne.
La oración nos llena; el ayuno nos vacía de orgullo y autosuficiencia.
El ayuno no cambia a Dios, nos cambia a nosotros
Dios no necesita que dejemos de comer para escucharnos. El ayuno no es para torcer Su brazo, sino para alinear nuestro corazón con Su voluntad.
Cuando ayunamos:
- Sensibilizamos nuestro espíritu.
- Fortalecemos nuestro dominio propio.
- Rompemos dependencias emocionales y carnales.
- Declaramos que Dios es nuestra prioridad.
“Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento.”
El ayuno verdadero implica arrepentimiento, humildad y rendición total.
Oración y ayuno traen dirección y poder
Antes de comenzar Su ministerio público, Jesús ayunó cuarenta días (Evangelio según Mateo 4). No fue casualidad: fue preparación espiritual.
La oración nos da dirección.
El ayuno nos da claridad.
Ambos juntos nos preparan para nuevas temporadas.
Hay batallas que solo se vencen en la intimidad con Dios.
Hay decisiones que solo se entienden en el silencio del ayuno.
Para pensar:
- Establece tiempos específicos de oración diaria.
- Práctica ayunos guiados por el Espíritu (puede ser parcial, de alimentos específicos o de otras distracciones).
- Enfoca tu ayuno en un propósito claro.
- Acompáñalo siempre con la Palabra.
Conclusión
La oración es relación.
El ayuno es rendición.
Cuando ambas se unen, el cielo se mueve y nuestro corazón se transforma.

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