Sensibilizamos nuestro espíritu

Sensibilizamos nuestro espíritu

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Ezequiel 36:26



Vivimos en un mundo que constantemente endurece el corazón. Las prisas, las preocupaciones y el ruido diario pueden hacer que nuestro espíritu se vuelva insensible a la voz de Dios. Sin darnos cuenta, comenzamos a escuchar más el temor que la fe, más la opinión de los hombres que la dirección del cielo.

Sensibilizar nuestro espíritu significa volvernos atentos a la voz de Dios, aprender a reconocer cuando Él habla y responder con obediencia.
La Biblia nos recuerda en en este verso del profeta  Ezequiel 36:26 Que Un corazón de piedra no siente, no percibe, no responde. Pero un corazón de carne es sensible, humilde y dispuesto.

Cuando sensibilizamos nuestro espíritu:
  • Discernimos con mayor claridad la voluntad de Dios.
  • Somos más compasivos con las personas.
  • Reaccionamos con paciencia en lugar de enojo.
  • Escuchamos la corrección sin resistencia.

La sensibilidad espiritual se cultiva en la intimidad: en la oración, en el ayuno, en la lectura de la Palabra y en la obediencia diaria. No es algo automático; es una decisión constante de acercarnos a Dios.

El Espíritu Santo habla, guía y corrige, pero necesitamos un corazón dispuesto a escuchar. Como dice la Escritura en Apocalipsis 3:20:
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo…”

La pregunta no es si Dios habla, sino si estamos lo suficientemente sensibles para oír.

Hoy es un buen momento para pedir:
“Señor, quita toda dureza de mi corazón. Afina mi oído espiritual. Hazme sensible a Tu voz.”


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