Dios de toda consolación
Dios de toda consolación
“Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2 Corintios 1:2-4
En la Segunda carta a los Corintios, el apóstol Pablo abre su corazón con una verdad que sostiene en medio de cualquier proceso:
Dios es revelado aquí como el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación. No de algunas… sino de todas.
Esto significa que no hay dolor, prueba o aflicción que esté fuera del alcance de Su consuelo. Él no es un Dios distante; se acerca a nuestras heridas, a nuestros momentos más frágiles, y allí trae descanso al alma.
Pero hay algo más profundo:
El consuelo que recibes no termina en ti. Dios permite procesos en nuestra vida para luego convertirnos en instrumentos de consuelo para otros. Lo que hoy te duele, mañana puede ser la llave para sanar a alguien más.
Tu proceso tiene propósito.
Para pensar.
Dios no desperdicia el sufrimiento; lo transforma en ministerio.
Oración.
Padre de misericordias, gracias porque en medio de mis tribulaciones Tú estás conmigo. Hoy recibo Tu consuelo y descanso en Tu presencia. Sana mi corazón y úsame para ser instrumento de consuelo para otros. Que lo que he vivido no sea en vano, sino que glorifique Tu nombre. Amén.
“Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2 Corintios 1:2-4
En la Segunda carta a los Corintios, el apóstol Pablo abre su corazón con una verdad que sostiene en medio de cualquier proceso:
Dios es revelado aquí como el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación. No de algunas… sino de todas.
Esto significa que no hay dolor, prueba o aflicción que esté fuera del alcance de Su consuelo. Él no es un Dios distante; se acerca a nuestras heridas, a nuestros momentos más frágiles, y allí trae descanso al alma.
Pero hay algo más profundo:
El consuelo que recibes no termina en ti. Dios permite procesos en nuestra vida para luego convertirnos en instrumentos de consuelo para otros. Lo que hoy te duele, mañana puede ser la llave para sanar a alguien más.
Tu proceso tiene propósito.
Para pensar.
- No escondas tu dolor; preséntalo delante de Dios
- Permite que Él te consuele, no solo que te fortalezca
- Pregunta: ¿a quién puedo consolar con lo que Dios ha hecho en mí?
Dios no desperdicia el sufrimiento; lo transforma en ministerio.
Oración.
Padre de misericordias, gracias porque en medio de mis tribulaciones Tú estás conmigo. Hoy recibo Tu consuelo y descanso en Tu presencia. Sana mi corazón y úsame para ser instrumento de consuelo para otros. Que lo que he vivido no sea en vano, sino que glorifique Tu nombre. Amén.

No Comments