La mentira moderna

La mentira moderna
 
Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Juan 17.17 NTV
 

En este devocional quisiera profundizar un poco más en lo que hablábamos en el de ayer, ya que hoy día vivimos en un tiempo donde la verdad ha sido reducida a preferencia personal.

Muchos dicen: Eso es tu verdad, yo tengo la mía”, como si la realidad pudiera cambiar según la opinión, el sentimiento o la experiencia de cada persona.

Esta frase parece tolerante, pero encierra una contradicción peligrosa: si cada uno tiene su propia verdad, entonces nadie puede estar equivocado; y si nadie puede estar equivocado, tampoco existe una verdad que pueda corregirnos, salvarnos o santificarnos.

El relativismo promete libertad, pero en realidad deja al ser humano sin fundamento. Cuando la verdad depende del individuo, el corazón humano se convierte en juez supremo. Ya no se pregunta: “¿Qué ha dicho Dios?”, sino: “¿Qué siento yo?”, “¿Qué me conviene?”, “¿Qué me afirma?”. Así, la criatura intenta ocupar el lugar del Creador.

Por eso el propósito de esta reflexion es que afirmes con reverencia, claridad y firmeza que la Palabra de Dios, que no es una opinión religiosa entre muchas, sino la verdad revelada por el Dios vivo, suficiente para confrontar las mentiras de una generación que ha confundido libertad con autonomía y sinceridad con verdad.

La afirmación de Cristo: “Tu palabra es verdad”
Jesús NO dijo: “Tu palabra contiene algunas verdades”, ni “Tu palabra es verdadera para algunos”, ni “Tu palabra es una interpretación espiritual útil”. Él oró al Padre diciendo: Tu palabra es verdad”.

Esta declaración no deja espacio para una fe débil, negociable o acomodada al espíritu de la época. La Palabra de Dios no recibe su autoridad de la cultura, de la mayoría, de las emociones humanas ni de la aprobación académica. Su autoridad proviene del carácter santo, eterno e inmutable de Dios.

La verdad bíblica no cambia porque Dios no cambia. Las generaciones cambian, los sistemas filosóficos cambian, las leyes humanas cambian, las modas morales cambian; pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Por eso el creyente no debe avergonzarse de sostener que existe una verdad objetiva, revelada por Dios, por encima de toda opinión humana.

¿Por qué esa manera de pensar posmoderna llamado el relativismo no puede sostenerse?
El relativismo se contradice a sí mismo. Cuando alguien afirma: “No hay verdad absoluta”, está haciendo una afirmación absoluta. Cuando alguien dice: “Cada quien tiene su verdad”, está pretendiendo que esa declaración sea verdad para todos. El relativismo quiere negar la verdad, pero necesita usar la verdad para poder hablar.

Además, el relativismo no puede sostener la justicia. Si todo es relativo, ¿Con qué base denunciamos la mentira, la corrupción, el abuso o la injusticia? Si el bien y el mal son solo preferencias personales, entonces el pecador no necesita arrepentirse, solo justificarse. Pero la Escritura revela que Dios ha establecido una norma santa, y esa norma no se adapta a nuestros deseos; más bien, nos llama a rendirnos ante Él.
Esto nos lleva a pensar en esta afirmación:

La Palabra de Dios como fundamento de la vida
Defender la Palabra de Dios no es defender una tradición humana, sino someternos al Dios que habla.
  • La Biblia no es una voz más en el mercado de las ideas; es la revelación del Señor que creó todas las cosas, conoce el corazón del hombre y anuncia el camino de salvación en Jesucristo.
  • La Palabra nos corrige cuando estamos equivocados, nos consuela cuando estamos quebrantados, nos santifica cuando somos tentados, y nos dirige cuando el mundo ofrece caminos torcidos.
  • El relativismo dice: “Sigue tu corazón”; Dios dice que el corazón humano necesita ser transformado. El relativismo dice: “Define tu verdad”; Cristo dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida ”.

Una defensa seria, pero humilde
Defender la verdad bíblica no significa hablar con arrogancia, dureza carnal o desprecio por los demás.
  • La verdad de Dios debe ser defendida con convicción y con mansedumbre.
  • No proclamamos la verdad porque seamos superiores, sino porque hemos sido alcanzados por la misericordia.
  • No defendemos la Escritura para ganar discusiones, sino para dar testimonio del Dios que salva.

La iglesia no puede responder al relativismo con silencio, ni con adaptación, ni con temor. Debe responder con fidelidad.
Una generación confundida no necesita una iglesia que repita sus frases; necesita una iglesia que alumbre con la verdad de Cristo. Amar al prójimo no es confirmar su engaño, sino apuntarlo con gracia hacia la verdad que libera.

Para pensar y aplicar
  • Examina si has permitido que tus emociones tengan más autoridad que la Palabra de Dios.
  • Responde al relativismo con claridad, pero sin orgullo.
  • Aprende a distinguir entre opinión personal y verdad revelada.
  • No negocies lo que Dios ha hablado para ser aceptado por la cultura.
  • Ora para que tu vida sea una demostración visible de la verdad que confiesas.

Te dejo hoy estas preguntas:
  • ¿Hay áreas de mi vida donde he dicho, en la práctica: “Esta es mi verdad”, aunque contradiga la Palabra de Dios?
  • ¿Estoy preparado para defender la verdad bíblica con mansedumbre y reverencia?
  • ¿Mi manera de vivir demuestra que creo que la Palabra de Dios es verdad?

Oración
Señor, santifícame en tu verdad. Líbrame de acomodar tu Palabra a mis deseos y enséñame a someter mis pensamientos, emociones y decisiones a lo que Tú has dicho. Dame valentía para defender la verdad en medio de una generación confundida, y dame humildad para hacerlo con amor, mansedumbre y fidelidad. Que mi vida no solo declare que tu Palabra es verdad, sino que también la refleje. En el nombre de Jesús. Amén.

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