Levanta un altar
Levanta un altar de adoración
“Entonces Elías llamó a toda la gente: «¡Acérquense!». Todos se acercaron y Elías reparó el altar del Señor que estaba en ruinas.” 1 Reyes 18:30 (NTV)
Hay momentos en nuestra vida en los que Dios no nos está pidiendo que hagamos algo extraordinario; nos está llamando a volver al altar.
Elías encontró un altar destruido. Antes de pedir fuego del cielo, reparó el altar. Esto nos enseña que la adoración comienza cuando volvemos a colocar a Dios en el centro.
Un altar de adoración no es solamente un lugar físico. Es una postura del corazón.
Cuando adoramos, estamos diciendo:
Levantar el altar es rendirlo todo
A veces queremos que Dios cambie nuestras circunstancias, pero primero Él quiere transformar nuestro corazón.
Por eso, hoy coloca sobre el altar aquello que has estado cargando:
Y cuando el altar se levanta… Elías oró, y el fuego descendió.
El fuego no fue producido por Elías. Fue Dios quien respondió.
Por eso NO levantamos un altar para manipular a Dios ni para obligarlo a hacer algo. Lo levantamos porque queremos decir:
“Señor, aquí estoy. Todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece.”
Hoy es un buen día para reconstruirlo.
Para pensar y declarar
“Cuando levantamos el altar de adoración, declaramos que Dios vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.”
No esperes sentir para adorar. Adora, y deja que Dios transforme tu corazón en Su presencia.
Oración
Padre, restaura nuestro altar. Devuélvenos el hambre por Tu presencia y el deseo de buscarte. Enséñanos a adorarte no solamente cuando todo está bien, sino también en medio de la prueba. Que nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra vida se conviertan en un altar de adoración para Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
“Entonces Elías llamó a toda la gente: «¡Acérquense!». Todos se acercaron y Elías reparó el altar del Señor que estaba en ruinas.” 1 Reyes 18:30 (NTV)
Hay momentos en nuestra vida en los que Dios no nos está pidiendo que hagamos algo extraordinario; nos está llamando a volver al altar.
Elías encontró un altar destruido. Antes de pedir fuego del cielo, reparó el altar. Esto nos enseña que la adoración comienza cuando volvemos a colocar a Dios en el centro.
Un altar de adoración no es solamente un lugar físico. Es una postura del corazón.
Cuando adoramos, estamos diciendo:
- “Señor, Tú eres más grande que mi problema.”
- “Tú eres más grande que mi pasado.”
- “Tú eres más grande que mis temores.”
- “Tú sigues siendo Dios aunque todavía no vea la respuesta.”
Levantar el altar es rendirlo todo
A veces queremos que Dios cambie nuestras circunstancias, pero primero Él quiere transformar nuestro corazón.
Por eso, hoy coloca sobre el altar aquello que has estado cargando:
- Tus preocupaciones
- Tus heridas
- Tus frustraciones
- Tus sueños
- Tus planes
- Tus temores
Y cuando el altar se levanta… Elías oró, y el fuego descendió.
El fuego no fue producido por Elías. Fue Dios quien respondió.
Por eso NO levantamos un altar para manipular a Dios ni para obligarlo a hacer algo. Lo levantamos porque queremos decir:
“Señor, aquí estoy. Todo lo que soy y todo lo que tengo te pertenece.”
- Quizás tu altar estuvo apagado.
- Quizás dejaste de orar como antes.
- Quizás tu adoración se convirtió en rutina.
Hoy es un buen día para reconstruirlo.
Para pensar y declarar
“Cuando levantamos el altar de adoración, declaramos que Dios vuelve a ocupar el centro de nuestra vida.”
- “Señor, hoy vuelvo a levantar mi altar.
- Vuelvo a la oración.
- Vuelvo a la adoración.
- Vuelvo a Tu presencia.
No esperes sentir para adorar. Adora, y deja que Dios transforme tu corazón en Su presencia.
Oración
Padre, restaura nuestro altar. Devuélvenos el hambre por Tu presencia y el deseo de buscarte. Enséñanos a adorarte no solamente cuando todo está bien, sino también en medio de la prueba. Que nuestra casa, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestra vida se conviertan en un altar de adoración para Ti. En el nombre de Jesús. Amén.

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