EL AYUNO: UNA DEFENSA ESPIRITUAL POR LA CASA DE DIOS
EL AYUNO: UNA DEFENSA ESPIRITUAL POR LA CASA DE DIOS
«Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche». Nehemías 4:9
El ayuno y la oración son armas espirituales con las que buscamos a Dios, fortalecemos nuestra fe y nos preparamos para enfrentar toda oposición.
Cuando algo se levanta contra la casa de Dios, contra su Iglesia, su congregación, sus familias o sus líderes, no podemos permanecer indiferentes: debemos levantarnos en oración y ayuno.
No luchamos contra las personas; nuestra batalla es espiritual. Por eso, ayunamos para que Dios nos dé discernimiento, fortalezca a sus siervos, traiga unidad a la congregación y nos ayude a permanecer firmes en su propósito.
¡La Iglesia que ora permanece firme! ¡La Iglesia que ayuna busca la dirección de Dios! ¡Y la Iglesia que permanece unida en Cristo no retrocede ante la oposición!
Hoy ayunamos no por temor, sino por fe; no para imponer nuestra voluntad, sino para rendirnos a la voluntad de Dios.
¡LLAMADO A LA IGLESIA: ES TIEMPO DE AYUNAR Y ORAR!
Hoy hago un llamado a cada hermano, a cada familia y a cada miembro de nuestra congregación:
¡Levantémonos en ayuno y oración por la casa de Dios!
¿Qué podemos hacer desde hoy?
1. Establece un tiempo de ayuno. Según tus posibilidades y condición de salud, aparta un tiempo para buscar a Dios, ya sea omitiendo una comida o siguiendo otra forma de ayuno apropiada.
2. Dedica tiempo a la Palabra. Lee Nehemías 4:9 y Efesios 6:10-18, y permite que Dios fortalezca tu fe y te enseñe a permanecer firme.
3. Intercede por la congregación. Ora por nuestros pastores, líderes, familias, jóvenes, niños y por cada ministerio de la Iglesia.
4. Ora por la unidad. Pídele al Señor que quite toda división, restaure las relaciones y nos ayude a caminar en amor, humildad y un mismo propósito.
5. Persevera en oración. No ayunes solamente cuando enfrentes una dificultad; desarrolla una vida constante de comunión con Dios.
Hermanos, este no es tiempo de críticas, contiendas ni divisiones. ¡Es tiempo de buscar el rostro de Dios!
Que cada uno se convierta en un intercesor y que juntos levantemos un clamor por la casa del Señor.
ORACIÓN FINAL
Señor y Padre celestial, hoy nos presentamos delante de ti con corazones humillados. Levantamos un clamor por tu Iglesia y por nuestra congregación.
Guarda nuestra casa, fortalece a nuestros pastores y líderes, protege a nuestras familias y ayúdanos a permanecer unidos en tu amor.
Danos fuerzas para perseverar en el ayuno y la oración. Que toda división sea vencida por el amor, que toda debilidad encuentre fortaleza en tu presencia y que ningún obstáculo nos aparte de tu propósito.
¡Declaramos que nuestra confianza está puesta en ti! ¡Nos levantamos en oración, nos unimos en ayuno y permanecemos firmes en tu Palabra!
En el nombre poderoso de Jesús. ¡Amén!
Una frase para cerrar el llamado:
«Cuando la Iglesia se une para buscar el rostro de Dios, deja de concentrarse en la oposición y comienza a fortalecerse en la presencia del Señor. ¡Iglesia, es tiempo de orar, ayunar y permanecer firmes!»
«Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche». Nehemías 4:9
El ayuno y la oración son armas espirituales con las que buscamos a Dios, fortalecemos nuestra fe y nos preparamos para enfrentar toda oposición.
Cuando algo se levanta contra la casa de Dios, contra su Iglesia, su congregación, sus familias o sus líderes, no podemos permanecer indiferentes: debemos levantarnos en oración y ayuno.
No luchamos contra las personas; nuestra batalla es espiritual. Por eso, ayunamos para que Dios nos dé discernimiento, fortalezca a sus siervos, traiga unidad a la congregación y nos ayude a permanecer firmes en su propósito.
¡La Iglesia que ora permanece firme! ¡La Iglesia que ayuna busca la dirección de Dios! ¡Y la Iglesia que permanece unida en Cristo no retrocede ante la oposición!
Hoy ayunamos no por temor, sino por fe; no para imponer nuestra voluntad, sino para rendirnos a la voluntad de Dios.
¡LLAMADO A LA IGLESIA: ES TIEMPO DE AYUNAR Y ORAR!
Hoy hago un llamado a cada hermano, a cada familia y a cada miembro de nuestra congregación:
¡Levantémonos en ayuno y oración por la casa de Dios!
- No esperemos a que los problemas sean mayores para buscar el rostro del Señor.
- Apartemos un tiempo para humillarnos delante de su presencia, examinar nuestros corazones e interceder por nuestra Iglesia.
¿Qué podemos hacer desde hoy?
1. Establece un tiempo de ayuno. Según tus posibilidades y condición de salud, aparta un tiempo para buscar a Dios, ya sea omitiendo una comida o siguiendo otra forma de ayuno apropiada.
2. Dedica tiempo a la Palabra. Lee Nehemías 4:9 y Efesios 6:10-18, y permite que Dios fortalezca tu fe y te enseñe a permanecer firme.
3. Intercede por la congregación. Ora por nuestros pastores, líderes, familias, jóvenes, niños y por cada ministerio de la Iglesia.
4. Ora por la unidad. Pídele al Señor que quite toda división, restaure las relaciones y nos ayude a caminar en amor, humildad y un mismo propósito.
5. Persevera en oración. No ayunes solamente cuando enfrentes una dificultad; desarrolla una vida constante de comunión con Dios.
Hermanos, este no es tiempo de críticas, contiendas ni divisiones. ¡Es tiempo de buscar el rostro de Dios!
Que cada uno se convierta en un intercesor y que juntos levantemos un clamor por la casa del Señor.
ORACIÓN FINAL
Señor y Padre celestial, hoy nos presentamos delante de ti con corazones humillados. Levantamos un clamor por tu Iglesia y por nuestra congregación.
Guarda nuestra casa, fortalece a nuestros pastores y líderes, protege a nuestras familias y ayúdanos a permanecer unidos en tu amor.
Danos fuerzas para perseverar en el ayuno y la oración. Que toda división sea vencida por el amor, que toda debilidad encuentre fortaleza en tu presencia y que ningún obstáculo nos aparte de tu propósito.
¡Declaramos que nuestra confianza está puesta en ti! ¡Nos levantamos en oración, nos unimos en ayuno y permanecemos firmes en tu Palabra!
En el nombre poderoso de Jesús. ¡Amén!
Una frase para cerrar el llamado:
«Cuando la Iglesia se une para buscar el rostro de Dios, deja de concentrarse en la oposición y comienza a fortalecerse en la presencia del Señor. ¡Iglesia, es tiempo de orar, ayunar y permanecer firmes!»

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