LA CREACIÓN NO NOS PERTENECE PARA EXPLOTARLA SIN LIMITES
LA CREACIÓN NO NOS PERTENECE PARA EXPLOTARLA SIN LIMITES
Declara que de Jehová es la tierra y su plenitud. Salmo 24:1
El salmista declara que la tierra y todo lo que hay en ella pertenecen al Señor. Esta verdad establece un principio fundamental: el ser humano no es la autoridad absoluta sobre la creación.
Dios nos ha permitido desarrollar conocimientos, descubrir procesos naturales y crear herramientas que pueden contribuir al bienestar de la humanidad. Sin embargo, nuestra capacidad científica no nos exime de la responsabilidad moral.
En el campo de la alimentación, las decisiones sobre semillas, cultivos y tecnologías agrícolas pueden afectar a los consumidores, a los agricultores, a la biodiversidad y a las generaciones futuras.
Por eso, necesitamos examinar las decisiones con una perspectiva amplia. No debemos evaluar una tecnología únicamente por sus beneficios económicos ni rechazarla solamente porque resulta novedosa.
Es necesario considerar las evidencias, los riesgos específicos, la transparencia y las consecuencias para las personas y el ambiente.
Como Iglesia, estamos llamados a cultivar una conciencia responsable. No necesitamos convertir cada avance científico en una controversia espiritual, pero tampoco debemos permanecer indiferentes ante las preguntas éticas que surgen del progreso.
Cuando reconocemos que la tierra pertenece al Señor, entendemos que nuestra libertad para utilizar sus recursos debe caminar junto con nuestra responsabilidad de cuidarlos.
PARA PENSAR Y APLICAR HOY
Examina tus actitudes:
Declara
«La tierra pertenece al Señor; por eso, procuraré utilizar sus recursos con gratitud, prudencia y responsabilidad».
Oración
Dios creador, tuya es la tierra y todo lo que existe en ella. Perdónanos cuando actuamos como si tu creación fuera solamente un recurso para nuestro beneficio. Enséñanos a valorar la vida, a cuidar el ambiente y a pensar en el bienestar de nuestro prójimo. Que nuestro conocimiento y nuestras decisiones honren tu nombre. En Jesús. Amén.
Declara que de Jehová es la tierra y su plenitud. Salmo 24:1
El salmista declara que la tierra y todo lo que hay en ella pertenecen al Señor. Esta verdad establece un principio fundamental: el ser humano no es la autoridad absoluta sobre la creación.
Dios nos ha permitido desarrollar conocimientos, descubrir procesos naturales y crear herramientas que pueden contribuir al bienestar de la humanidad. Sin embargo, nuestra capacidad científica no nos exime de la responsabilidad moral.
En el campo de la alimentación, las decisiones sobre semillas, cultivos y tecnologías agrícolas pueden afectar a los consumidores, a los agricultores, a la biodiversidad y a las generaciones futuras.
Por eso, necesitamos examinar las decisiones con una perspectiva amplia. No debemos evaluar una tecnología únicamente por sus beneficios económicos ni rechazarla solamente porque resulta novedosa.
Es necesario considerar las evidencias, los riesgos específicos, la transparencia y las consecuencias para las personas y el ambiente.
Como Iglesia, estamos llamados a cultivar una conciencia responsable. No necesitamos convertir cada avance científico en una controversia espiritual, pero tampoco debemos permanecer indiferentes ante las preguntas éticas que surgen del progreso.
Cuando reconocemos que la tierra pertenece al Señor, entendemos que nuestra libertad para utilizar sus recursos debe caminar junto con nuestra responsabilidad de cuidarlos.
PARA PENSAR Y APLICAR HOY
Examina tus actitudes:
- ¿Considero solamente mi beneficio personal o también el bienestar de los demás?
- ¿Estoy dispuesto a informarme antes de formar una opinión?
- ¿Mis decisiones reflejan gratitud y responsabilidad?
Declara
«La tierra pertenece al Señor; por eso, procuraré utilizar sus recursos con gratitud, prudencia y responsabilidad».
Oración
Dios creador, tuya es la tierra y todo lo que existe en ella. Perdónanos cuando actuamos como si tu creación fuera solamente un recurso para nuestro beneficio. Enséñanos a valorar la vida, a cuidar el ambiente y a pensar en el bienestar de nuestro prójimo. Que nuestro conocimiento y nuestras decisiones honren tu nombre. En Jesús. Amén.

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