MIÉRCOLES DE AYUNO CONGREGACIONAL
MIÉRCOLES DE AYUNO CONGREGACIONAL
Hoy es:
Un día para agradecer, consagrarnos y levantar un altar delante de Dios.
«Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre». Salmo 100:4
Hoy, miércoles, como congregación, nos unimos en un mismo espíritu para presentar delante de Dios nuestro ayuno.
Este es el primer miércoles de noviembre, un mes que hemos declarado como Mes de Gratitud y Testimonio, y qué mejor manera de comenzar que apartando un día para buscar al Señor.
1. El ayuno comienza con un corazón agradecido
No ayunamos solamente para pedir; ayunamos también para reconocer.
2. El ayuno nos une en un mismo propósito
Cuando una congregación decide humillarse delante de Dios, está declarando que su confianza no está en sus capacidades, recursos o estrategias, sino en el Señor.
Hoy no ayunamos de manera individual solamente; nos unimos como cuerpo de Cristo, levantando un mismo clamor por nuestras familias, nuestra iglesia, nuestros pastores, nuestras ciudades y nuestra nación.
Una iglesia que se une para buscar a Dios fortalece su altar y renueva su compromiso con el Reino.
3. El ayuno debe producir transformación
Isaías 58 nos enseña que el ayuno que agrada a Dios no se limita a dejar de comer; debe manifestarse en una vida de justicia, misericordia, obediencia y amor.
Hoy no solamente queremos terminar un ayuno; queremos salir de este día con un corazón más sensible a la voz del Espíritu Santo.
Que nuestro ayuno produzca cambios en nuestra manera de vivir, servir, amar y caminar con Dios.
4. Hoy damos gracias también por nuestra nación
En este día de gratitud nacional, levantemos nuestra voz por los Estados Unidos, por sus familias, sus autoridades, sus iglesias y por aquellos que necesitan esperanza.
Pidamos que Dios levante una Iglesia que no pierda su identidad, que permanezca firme en la Palabra y que sea luz en medio de estos tiempos.
Declaración profética
Hoy declaramos que nuestra gratitud no dependerá de las circunstancias, porque nuestra confianza está puesta en Dios.
No ayunamos desde la desesperación, ayunamos desde la dependencia de Dios.
¡Somos una iglesia agradecida, una iglesia consagrada y una iglesia que no dejará de buscar la presencia del Señor!
Oración
Padre, hoy nos presentamos delante de ti con corazones agradecidos.
Gracias por tu fidelidad, por tu misericordia y por sostenernos hasta este día.
Consagramos este miércoles de ayuno. Visita nuestras familias, fortalece nuestra congregación, guárdame y guarda al liderazgo de tu casa
A toda la congregación y extiende tu mano sobre nuestra nación.
Que este ayuno no sea solamente una práctica externa, sino una expresión genuina de amor, obediencia y entrega a tu presencia.
En el nombre poderoso de Jesús. Amén.
Una frase para acompañar este día:
«No ayunamos para convencer a Dios de que nos ame; ayunamos porque reconocemos cuánto lo necesitamos y cuánto agradecemos su fidelidad».
Hoy es:
Un día para agradecer, consagrarnos y levantar un altar delante de Dios.
«Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre». Salmo 100:4
Hoy, miércoles, como congregación, nos unimos en un mismo espíritu para presentar delante de Dios nuestro ayuno.
Este es el primer miércoles de noviembre, un mes que hemos declarado como Mes de Gratitud y Testimonio, y qué mejor manera de comenzar que apartando un día para buscar al Señor.
1. El ayuno comienza con un corazón agradecido
No ayunamos solamente para pedir; ayunamos también para reconocer.
- Antes de presentar nuestras necesidades, recordamos su fidelidad.
- Antes de pedir una nueva bendición, reconocemos las bendiciones que ya hemos recibido.
- La gratitud nos recuerda que no hemos llegado hasta aquí por nuestras propias fuerzas, sino por la misericordia y la gracia de Dios.
2. El ayuno nos une en un mismo propósito
Cuando una congregación decide humillarse delante de Dios, está declarando que su confianza no está en sus capacidades, recursos o estrategias, sino en el Señor.
Hoy no ayunamos de manera individual solamente; nos unimos como cuerpo de Cristo, levantando un mismo clamor por nuestras familias, nuestra iglesia, nuestros pastores, nuestras ciudades y nuestra nación.
Una iglesia que se une para buscar a Dios fortalece su altar y renueva su compromiso con el Reino.
3. El ayuno debe producir transformación
Isaías 58 nos enseña que el ayuno que agrada a Dios no se limita a dejar de comer; debe manifestarse en una vida de justicia, misericordia, obediencia y amor.
Hoy no solamente queremos terminar un ayuno; queremos salir de este día con un corazón más sensible a la voz del Espíritu Santo.
Que nuestro ayuno produzca cambios en nuestra manera de vivir, servir, amar y caminar con Dios.
4. Hoy damos gracias también por nuestra nación
En este día de gratitud nacional, levantemos nuestra voz por los Estados Unidos, por sus familias, sus autoridades, sus iglesias y por aquellos que necesitan esperanza.
Pidamos que Dios levante una Iglesia que no pierda su identidad, que permanezca firme en la Palabra y que sea luz en medio de estos tiempos.
Declaración profética
Hoy declaramos que nuestra gratitud no dependerá de las circunstancias, porque nuestra confianza está puesta en Dios.
- Nuestra casa tendrá un altar,
- Nuestra congregación tendrá un mismo propósito
- Y nuestro corazón permanecerá sensible a la voz del Espíritu Santo.
No ayunamos desde la desesperación, ayunamos desde la dependencia de Dios.
¡Somos una iglesia agradecida, una iglesia consagrada y una iglesia que no dejará de buscar la presencia del Señor!
Oración
Padre, hoy nos presentamos delante de ti con corazones agradecidos.
Gracias por tu fidelidad, por tu misericordia y por sostenernos hasta este día.
Consagramos este miércoles de ayuno. Visita nuestras familias, fortalece nuestra congregación, guárdame y guarda al liderazgo de tu casa
A toda la congregación y extiende tu mano sobre nuestra nación.
Que este ayuno no sea solamente una práctica externa, sino una expresión genuina de amor, obediencia y entrega a tu presencia.
En el nombre poderoso de Jesús. Amén.
Una frase para acompañar este día:
«No ayunamos para convencer a Dios de que nos ame; ayunamos porque reconocemos cuánto lo necesitamos y cuánto agradecemos su fidelidad».

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