Amor que se Entrega
Amor que se Entrega
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha.
Efesios 5:25-27
Estos versículos redefine el amor matrimonial como un compromiso incondicional, sacrificial y activo, tomando la entrega de Jesús en la cruz como el estándar, no solo una emoción, enfocándose en el bienestar espiritual y personal de la esposa.
Pablo no pide a los esposos que simplemente sientan cariño, sino que amen con un amor ágape (desinteresado) que se demuestra con acciones. Cristo no amó a la iglesia por lo que ella podía darle, sino que se entregó por ella mientras aún era imperfecta. Es un amor que busca la santificación y el bienestar de la esposa, cuidándola como a su propio cuerpo.
Quizá no haya palabra en nuestro lenguaje moderno que necesite más interpretaciones que esta palabra amor.
Se usa para describir de todo, desde pasiones sexuales sórdidas hasta emoción patriótica.
Pero aquí se define para nosotros en una frase muy iluminadora que se pone en aposición a ella. El apóstol no dice simplemente: Amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, sino que sigue describiendo lo que es el amor: … y se entregó a sí mismo por ella. ¡Eso es el amor! Ésa es la manera en que un marido ha de someterse a su mujer.
Él se entrega a sí mismo por ella.
No significa que deba rendirse ante ella, pues ése es el papel de ella hacia él. Si él hiciera eso, estaría sometiéndose a su mujer del modo en que la mujer se supone que debe someterse al marido.
Pero esta forma de sumisión es diferente. No es rendirse, sino cederse, darse a sí mismo por su esposa. Ningún marido está jugando su papel adecuado en el matrimonio hasta que aprende a entregarse a su mujer, a abrirle su corazón, a compartir sus emociones y sueños, sus pensamientos, desilusiones y alegrías; a exponerse completamente ante su mujer. Y no hay cosa que haga más feliz a una mujer que saber que ha entrado plenamente en la vida de su marido.
El apóstol nos muestra el ejemplo de Cristo. Su auto entrega fue deliberada y llena de propósito. Nuestro Señor no se dio a Sí mismo por la iglesia sin tener un cierto objetivo en mente.
El marido ha de entregarse a su mujer con el fin de poder santificarla.
Eso significa destinarla a su uso apropiado. El Señor Jesús se entregó en la cruz para que la iglesia entera, aquellos que serían redimidos por Su gracia, pudieran ser destinados al uso apropiado para el que Dios destinó al hombre y a la mujer.
Éste debe ser también el objetivo del marido. Ha de entregarse a sí mismo a su mujer, para que ella pueda realizar su feminidad, su propósito.
Fíjese que el apóstol señala que el instrumento por el cual el Señor santifica a la iglesia es la Palabra, en el lavamiento del agua por la Palabra.
Por medio de la Palabra de Dios, hablando a la iglesia, diciéndole cosas, abriendo sus ojos al entendimiento de la realidad, ésa es la manera en que Dios santifica a Su iglesia.
Esto también es verdad en una relación esposo-esposa. Es el hecho de que el marido hable con su esposa lo que hace posible que ella cumpla su papel de ayudante y embellecedora.
Él debe, por tanto, entregarse a sí mismo en este sentido, compartiendo con ella, conversando con ella y hablando de las cosas. Incluso cuando haya obstáculos para la comunicación, debe encontrar el modo de rodearlos, pues su responsabilidad es abrirse y compartir con ella.
Para pensar:
Sacrificio: ¿Qué comodidad personal estás dispuesto a dejar de lado por el bienestar de tu esposa?
Servicio: ¿Cómo estás "alimentando y cuidando" (Efesios 5:29) las necesidades emocionales, físicas y espirituales de tu esposa?
Oración:
Ora para que Dios te dé un amor que no busca lo suyo, sino que prioriza a tu esposa.
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha.
Efesios 5:25-27
Estos versículos redefine el amor matrimonial como un compromiso incondicional, sacrificial y activo, tomando la entrega de Jesús en la cruz como el estándar, no solo una emoción, enfocándose en el bienestar espiritual y personal de la esposa.
Pablo no pide a los esposos que simplemente sientan cariño, sino que amen con un amor ágape (desinteresado) que se demuestra con acciones. Cristo no amó a la iglesia por lo que ella podía darle, sino que se entregó por ella mientras aún era imperfecta. Es un amor que busca la santificación y el bienestar de la esposa, cuidándola como a su propio cuerpo.
Quizá no haya palabra en nuestro lenguaje moderno que necesite más interpretaciones que esta palabra amor.
Se usa para describir de todo, desde pasiones sexuales sórdidas hasta emoción patriótica.
Pero aquí se define para nosotros en una frase muy iluminadora que se pone en aposición a ella. El apóstol no dice simplemente: Amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, sino que sigue describiendo lo que es el amor: … y se entregó a sí mismo por ella. ¡Eso es el amor! Ésa es la manera en que un marido ha de someterse a su mujer.
Él se entrega a sí mismo por ella.
No significa que deba rendirse ante ella, pues ése es el papel de ella hacia él. Si él hiciera eso, estaría sometiéndose a su mujer del modo en que la mujer se supone que debe someterse al marido.
Pero esta forma de sumisión es diferente. No es rendirse, sino cederse, darse a sí mismo por su esposa. Ningún marido está jugando su papel adecuado en el matrimonio hasta que aprende a entregarse a su mujer, a abrirle su corazón, a compartir sus emociones y sueños, sus pensamientos, desilusiones y alegrías; a exponerse completamente ante su mujer. Y no hay cosa que haga más feliz a una mujer que saber que ha entrado plenamente en la vida de su marido.
El apóstol nos muestra el ejemplo de Cristo. Su auto entrega fue deliberada y llena de propósito. Nuestro Señor no se dio a Sí mismo por la iglesia sin tener un cierto objetivo en mente.
El marido ha de entregarse a su mujer con el fin de poder santificarla.
Eso significa destinarla a su uso apropiado. El Señor Jesús se entregó en la cruz para que la iglesia entera, aquellos que serían redimidos por Su gracia, pudieran ser destinados al uso apropiado para el que Dios destinó al hombre y a la mujer.
Éste debe ser también el objetivo del marido. Ha de entregarse a sí mismo a su mujer, para que ella pueda realizar su feminidad, su propósito.
Fíjese que el apóstol señala que el instrumento por el cual el Señor santifica a la iglesia es la Palabra, en el lavamiento del agua por la Palabra.
Por medio de la Palabra de Dios, hablando a la iglesia, diciéndole cosas, abriendo sus ojos al entendimiento de la realidad, ésa es la manera en que Dios santifica a Su iglesia.
Esto también es verdad en una relación esposo-esposa. Es el hecho de que el marido hable con su esposa lo que hace posible que ella cumpla su papel de ayudante y embellecedora.
Él debe, por tanto, entregarse a sí mismo en este sentido, compartiendo con ella, conversando con ella y hablando de las cosas. Incluso cuando haya obstáculos para la comunicación, debe encontrar el modo de rodearlos, pues su responsabilidad es abrirse y compartir con ella.
Para pensar:
Sacrificio: ¿Qué comodidad personal estás dispuesto a dejar de lado por el bienestar de tu esposa?
Servicio: ¿Cómo estás "alimentando y cuidando" (Efesios 5:29) las necesidades emocionales, físicas y espirituales de tu esposa?
Oración:
Ora para que Dios te dé un amor que no busca lo suyo, sino que prioriza a tu esposa.

No Comments